“Miré con atención y si
era él, MOISES... La maestra me dijo que tomara asiento.... CONTINUARA”
Me senté en la fila 3 puesto
8 (de ultima), muy lejos de Moisés, él estaba entre sonrisas, sabía que me había
reconocido, todos me miraban y murmuraban, siendo sincera me importa mucho lo
que digan de mí, (esa es una de mis malas costumbres) en fin, todavía temblaba,
las clases eran aburridas, a excepción de que los alumnos tenían la posibilidad
expresarse libremente, lo cual en mi colegio en Siria no era permitido, sonó el
timbre era hora de salir del aula para merendar, no tenía ganas de salir, ni
siquiera para buscar a Moisés y hablar sobre esta graciosa coincidencia , la
maestra de literatura (en mi opinión la mejor de todo el personal) insistió en
que saliera a conocer el resto del colegio, sintiéndome una completa extraña salí
a caminar por todo el amplio pasillo, de un momento a otro apareció de la nada Moisés…
-Él: hola otra vez “niña perdida” . –yo: ¡Moisés! que agradable verte de nuevo,
no sabes cuánto desee que nos encontráramos , ¿sabes? Todavía pienso en
esa conversación el día de la playa. -Él:
te sabes mi nombre, mm si, ¡fantástico!, Por cierto ¿qué haces aquí? ¿Persiguiéndome
como todas? O ¿algo por el estilo? Ja ja
ja –yo: que gracioso eres….
Me marche, un poco confundida,
no sabía si estaba jugando, o cambio desde la primera vez que hablamos, de nuevo me volví a decepcionar, y me sentí otra
vez tonta, estaba cansada de lo mismo, de mis sentimentalismos estúpidos, de
creer que hay “personas especiales” no sabía
si reírme de mi misma como todos lo hacen, o llorar, que idiota me siento también
siento pena conmigo mismo, y de no cumplir mi promesa de cuando llegue esta
ciudad... por otro lado esto contribuía a mi concepto de “estar muerta por
dentro”... como un viejo proverbio árabe
que diría mi abuela Suad: "Si tiene remedio, ¿por qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿por qué
te quejas?".
El resto de las clases
estuve tratando de solo concentrarme en lo que decían los maestros y omitir en
mi cabeza los balbuceos de todos los chicos del salón, por fin sonó el ultimo
timbre del día, aliviada y dando gracias de haber superado mi primer día en un
colegio distinto (odiando siempre ser tan conformista con lo que no debería serlo)
por suerte mis padres no preguntaron nada acerca de este día, sentada en el sofá,
tratando de no meditar nada, alguien entro a la casa y era Raffe con un ramo de
flores hermoso me la entrego felicitándome por mi primer día de clases y preguntándome
cada detalle, mentí: “me fue excelente, todos son súper amigables, ya tengo
amigos y todo está bien, me siento súper”
(últimamente estaba recibiendo mucho protagonismo por parte de todos, no quería
mas, no soy capaz de sobrellevar eso sin que se me salga de las manos, y luego
arrepentirme y parecer una estúpida, así que decidí que todos pensaran que
estaba bien, que no tenían nada de qué preocuparse, que volvieran a sus
preocupaciones y a su vida neutra).
Era de noche, ya había completado
mis deberes, no había dicho una sola palabra a mis padres que no fueran: Si
baba, si ommi, usted tiene razón. Deje atrás mi gran vocabulario adquirido de
miles de libros, nunca vi a mis padres tan complacidos y felices por ello, (¿no
es extraño? Me refiero a que por todos lados te dicen que seas tú misma, que jamás
abandones lo que eres, que así te sentirás feliz… yo no veo eso, tan poca apreciación
de mis padres cuando soy yo misma, me hace querer cambiar, y eso se refiere a
no ser feliz, entonces ¿a que venimos a la vida? A complacer a los demás para
ser felices, aun así con miles de contradicciones y palabras dichas de la
lengua para afuera.) Ahí me di cuenta de
que con cualquier cosa reflexiono, y reflexionar también es estúpido ¿no? Eso nadie
lo toma en cuenta
Gracias a la gran felicidad de mis padres por mi “cambio” le dieron permiso a Raffe de llevarme a la playa, había una gran fiesta, me emocionaba un poco, aun que habían tres cosas que no me convencían para aceptar ir... uno: aun no había ido de compras aun (pero no era lo principal). Dos: Raffe siempre me deja sola, porque quiere que me relacione, pero terminare sintiéndome una antisocial y mis nervios me traicionaran. Y tres: obviamente iba a estar Moisés. Preferí quedarme en mi habitación leyendo en secreto mi libro preferido: Un Extraño en el Espejo de Sidney Sheldon...

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