lunes, 31 de diciembre de 2012

Un alma perdida: capitulo 8


Todo mejorando…

Desperté con pocas ganas de ir al colegio, lo único que me alentaba eran las clases de danza que comenzaría hoy, me preguntaba cómo habría estado la fiesta de la noche anterior, en fin, no era asunto mío, era un día normal en el colegio solo hasta que… de la nada apareció Moisés, dispuesta a oírlo refresque mi garganta y respire hondo, se veía con un aire diferente, muy parecido al que tenía aquel día… ese que intentaba borrar de mi mente para no sentirme una cursi… él quería confirmar mi ausencia en la fiesta de ayer, lo cual hice, parece que estuvo buscándome toda la noche, lo único que quería era no parecer emocionada o por lo menos interesada en sus palabras, trataba que mis respuestas fueran  concretas y sin emoción, entre más se agudizaba mi actitud él se veía más interesado, irónico ¿no?. La charla terminó…

En el aula, volví a sentir la cercanía de Moisés, el que por medios de señas y “habilidad” hizo llegar a mí una hoja de papel arrugada en el que expresaba: “siento que estas diferente, la verdad no me molesta, al cabo es tu vida, no la mía, tampoco me siento autoritario para ofrecerte consejo o para ser tu confidente, eso pedirlo quedaría en tus manos , pero estoy aquí, recuérdalo… lo único que quiero es pedirte disculpas por mi actitud la última vez que hablamos, algo me dice que a ti no te causo gracia, soy malísimo para hacer reír a las personas…  solo espero que tu cambio conmigo no haya ocurrido gracias a ese mal chiste, perdóname (una vez más) por mi dramatismo, y también por si estoy equivocado . –Moisés”  quede impresionada, me sentía más contenta, lo único triste, era que esta nueva actitud ya estaba propuesta y aprobada, no daría vuelta atrás… al sonar la campana de la salida me apresure, alcancé a Moisés, le hable con una actitud parecida a la anterior, solo que esta vez soné más amigable: “te perdono, quizás hablemos luego”

Más tarde me estaba alistando para mi clase de danza, era un salón muy lindo con aproximadamente 10 alumnas, y una profesora (Hannika), que a mi parecer era bastante  joven, sobrada pero elegante, me sentía una principiante, no sólo lo sentía,  lo era, solo quería un poco de simpatía por parte de las demás… comenzó la clase, estaba muy descoordinada, nerviosa y haciendo un completo desastre,  Hannika entendía mis nervios y mi inexperiencia, aunque tenía mucho tiempo sin recibir alumnas nuevas y era un poco abrumador volver a la rutina, estaba agotada, me sentía sola, solo recibía algunas miradas indiscretas… al terminar, una de ellas se me acerco, tenía un aspecto bastante similar, pero estaba segura que no la conocía… -árabe ¿no?. - por lo visto tú también. -es un gusto Alma, sabes… somos pocas aquí, y un consejo coordínate, por cierto soy Aminha… y se fue sin dejarme decir alguna otra palabra, me pareció un poco ridícula.

Raffe fue por mí, solo estábamos a dos calles del departamento…pero claro, él nunca se quería perder cualquier detalle… además iríamos de compras,  últimamente veía más a “tío” Raffe que a mis padres…  fue un grandioso día, ya quería salir a todas partes, adiós a esos horribles abaya’s, todo estaba mejorando aquí, comenzaba a pensar que mudarme era una de las mejores cosas que me han pasado, pero  no quiero precipitarme… cada vez que pienso que todo me está saliendo bien, pasa algo malo, la verdad es que nada puede ser perfecto… ese día fui directamente a la cama muy complacida.

En la mañana siguiente notaba una cierta palidez en el hogar, oí una estruendosa melodía, de seguro era el teléfono de la casa, no me apresure a contestar, no quería una aprensión de baba… me acerque al ver una extraña escena, a ommi colgando el teléfono, los dos en llanto, la noticia calentó mi rostro y sentía como mis ojos se hundían y todo se oscurecia para mi… continuara



"viendo la luz aun si muere el sol"
 

jueves, 20 de diciembre de 2012

Un alma perdida: capitulo 7


“Miré con atención y si era él, MOISES... La maestra me dijo que tomara asiento.... CONTINUARA

Me senté en la fila 3 puesto 8 (de ultima), muy lejos de Moisés, él estaba entre sonrisas, sabía que me había reconocido, todos me miraban y murmuraban, siendo sincera me importa mucho lo que digan de mí, (esa es una de mis malas costumbres) en fin, todavía temblaba, las clases eran aburridas, a excepción de que los alumnos tenían la posibilidad expresarse libremente, lo cual en mi colegio en Siria no era permitido, sonó el timbre era hora de salir del aula para merendar, no tenía ganas de salir, ni siquiera para buscar a Moisés y hablar sobre esta graciosa coincidencia , la maestra de literatura (en mi opinión la mejor de todo el personal) insistió en que saliera a conocer el resto del colegio, sintiéndome una completa extraña salí a caminar por todo el amplio pasillo, de un momento a otro apareció de la nada Moisés… -Él: hola otra vez  “niña perdida” .  –yo: ¡Moisés! que agradable verte de nuevo, no sabes cuánto desee que nos encontráramos , ¿sabes? Todavía pienso en esa conversación el día de la playa.  -Él: te sabes mi nombre, mm si, ¡fantástico!, Por cierto ¿qué haces aquí? ¿Persiguiéndome como todas?  O ¿algo por el estilo? Ja ja ja –yo: que gracioso eres…. 

Me marche, un poco confundida, no sabía si estaba jugando, o cambio desde la primera vez que hablamos,  de nuevo me volví a decepcionar, y me sentí otra vez tonta, estaba cansada de lo mismo, de mis sentimentalismos estúpidos, de creer que hay “personas especiales”  no sabía si reírme de mi misma como todos lo hacen, o llorar, que idiota me siento también siento pena conmigo mismo, y de no cumplir mi promesa de cuando llegue esta ciudad... por otro lado esto contribuía a mi concepto de “estar muerta por dentro”...  como un viejo proverbio árabe que diría mi abuela Suad:  "Si tiene remedio, ¿por qué te quejas? Y si no tiene remedio, ¿por qué te quejas?".

El resto de las clases estuve tratando de solo concentrarme en lo que decían los maestros y omitir en mi cabeza los balbuceos de todos los chicos del salón, por fin sonó el ultimo timbre del día, aliviada y dando gracias de haber superado mi primer día en un colegio distinto (odiando siempre ser tan conformista con lo que no debería serlo) por suerte mis padres no preguntaron nada acerca de este día, sentada en el sofá, tratando de no meditar nada, alguien entro a la casa y era Raffe con un ramo de flores hermoso me la entrego felicitándome por mi primer día de clases y preguntándome cada detalle, mentí: “me fue excelente, todos son súper amigables, ya tengo amigos y  todo está bien, me siento súper” (últimamente estaba recibiendo mucho protagonismo por parte de todos, no quería mas, no soy capaz de sobrellevar eso sin que se me salga de las manos, y luego arrepentirme y parecer una estúpida, así que decidí que todos pensaran que estaba bien, que no tenían nada de qué preocuparse, que volvieran a sus preocupaciones y a su vida neutra).
Era de noche, ya había completado mis deberes, no había dicho una sola palabra a mis padres que no fueran: Si baba, si ommi, usted tiene razón. Deje atrás mi gran vocabulario adquirido de miles de libros, nunca vi a mis padres tan complacidos y felices por ello, (¿no es extraño? Me refiero a que por todos lados te dicen que seas tú misma, que jamás abandones lo que eres, que así te sentirás feliz… yo no veo eso, tan poca apreciación de mis padres cuando soy yo misma, me hace querer cambiar, y eso se refiere a no ser feliz, entonces ¿a que venimos a la vida? A complacer a los demás para ser felices, aun así con miles de contradicciones y palabras dichas de la lengua para afuera.)  Ahí me di cuenta de que con cualquier cosa reflexiono, y reflexionar también es estúpido ¿no? Eso nadie lo toma en cuenta

Gracias a la gran felicidad de mis padres por mi “cambio”  le dieron permiso a Raffe de llevarme a la playa, había una gran fiesta, me emocionaba un poco, aun que habían tres cosas que no me convencían para aceptar ir... uno: aun no había ido de compras aun (pero no era lo principal). Dos: Raffe siempre me deja sola, porque quiere que me relacione, pero terminare sintiéndome una antisocial y mis nervios me traicionaran.  Y tres: obviamente iba a estar Moisés. Preferí quedarme en mi habitación leyendo en secreto mi libro preferido: Un Extraño en el Espejo de Sidney Sheldon...