Todo mejorando…
Desperté con pocas ganas de ir al colegio, lo único
que me alentaba eran las clases de danza que comenzaría hoy, me preguntaba cómo
habría estado la fiesta de la noche anterior, en fin, no era asunto mío, era un
día normal en el colegio solo hasta que… de la nada apareció Moisés, dispuesta
a oírlo refresque mi garganta y respire hondo, se veía con un aire diferente,
muy parecido al que tenía aquel día… ese que intentaba borrar de mi mente para
no sentirme una cursi… él quería confirmar mi ausencia en la fiesta de ayer, lo
cual hice, parece que estuvo buscándome toda la noche, lo único que quería era
no parecer emocionada o por lo menos interesada en sus palabras, trataba que
mis respuestas fueran concretas y sin
emoción, entre más se agudizaba mi actitud él se veía más interesado, irónico
¿no?. La charla terminó…
En el aula, volví a sentir la cercanía de Moisés,
el que por medios de señas y “habilidad” hizo llegar a mí una hoja de papel arrugada
en el que expresaba: “siento que estas diferente, la verdad no me molesta, al
cabo es tu vida, no la mía, tampoco me siento autoritario para ofrecerte
consejo o para ser tu confidente, eso pedirlo quedaría en tus manos , pero
estoy aquí, recuérdalo… lo único que quiero es pedirte disculpas por mi actitud
la última vez que hablamos, algo me dice que a ti no te causo gracia, soy
malísimo para hacer reír a las personas…
solo espero que tu cambio conmigo no haya ocurrido gracias a ese mal
chiste, perdóname (una vez más) por mi dramatismo, y también por si estoy
equivocado . –Moisés” quede
impresionada, me sentía más contenta, lo único triste, era que esta nueva
actitud ya estaba propuesta y aprobada, no daría vuelta atrás… al sonar la
campana de la salida me apresure, alcancé a Moisés, le hable con una actitud
parecida a la anterior, solo que esta vez soné más amigable: “te perdono, quizás
hablemos luego”
Más tarde me estaba alistando para mi clase de
danza, era un salón muy lindo con aproximadamente 10 alumnas, y una profesora (Hannika),
que a mi parecer era bastante joven, sobrada
pero elegante, me sentía una principiante, no sólo lo sentía, lo era, solo quería un poco de simpatía por
parte de las demás… comenzó la clase, estaba muy descoordinada, nerviosa y
haciendo un completo desastre, Hannika
entendía mis nervios y mi inexperiencia, aunque tenía mucho tiempo sin recibir
alumnas nuevas y era un poco abrumador volver a la rutina, estaba agotada, me
sentía sola, solo recibía algunas miradas indiscretas… al terminar, una de
ellas se me acerco, tenía un aspecto bastante similar, pero estaba segura que
no la conocía… -árabe ¿no?. - por lo visto tú también. -es un gusto Alma,
sabes… somos pocas aquí, y un consejo coordínate, por cierto soy Aminha… y se
fue sin dejarme decir alguna otra palabra, me pareció un poco ridícula.
Raffe fue por mí, solo estábamos a dos calles del
departamento…pero claro, él nunca se quería perder cualquier detalle… además
iríamos de compras, últimamente veía más
a “tío” Raffe que a mis padres… fue un
grandioso día, ya quería salir a todas partes, adiós a esos horribles abaya’s, todo
estaba mejorando aquí, comenzaba a pensar que mudarme era una de las mejores
cosas que me han pasado, pero no quiero
precipitarme… cada vez que pienso que todo me está saliendo bien, pasa algo
malo, la verdad es que nada puede ser perfecto… ese día fui directamente a la
cama muy complacida.
En la mañana siguiente notaba una cierta palidez en
el hogar, oí una estruendosa melodía, de seguro era el teléfono de la casa, no me
apresure a contestar, no quería una aprensión de baba… me acerque al ver una
extraña escena, a ommi colgando el teléfono, los dos en llanto, la noticia calentó
mi rostro y sentía como mis ojos se hundían y todo se oscurecia para mi… continuara


"viendo la luz aun si muere el sol"


"viendo la luz aun si muere el sol"

